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Los principales aspectos de unas elecciones ¿irrelevantes?

 
¿Para qué se convocaron estas elecciones? Para que se pudiera formar gobierno, dado que los resultados que arrojaron las de abril parece que no lo permitieron. Las razones por las que no hubo acuerdo, ya se han analizado pormenorizadamente, sin embargo es razonable destacar que, aunque tanto UP como PSOE cometieron errores, quien tiene mayor responsabilidad es el partido que contaba con mayor representación. Asimismo, es el gobierno en funciones (que también correspondía al PSOE) quien convocó elecciones pensando que obtendría una mayoría suficiente que le permitiría gobernar en solitario. Hasta ese momento, el PSOE había ido construyendo un relato en el que culpaba a UP de bloquear su investidura, pero también curiosamente al PP y Cs. Hoy se ha visto que aquello de “todos bloquean la investidura” no ha vendido como se esperaba.

Eso sí, aunque el PSOE (por ocupar el gobierno provisional y por tener más diputados) tenga más responsabilidad, los demás grupos parlamentarios tampoco estuvieron especialmente constructivos y aguardaban en estas elecciones mejorar sus resultados. Pese a que ha habido cambios, en esencia, se mantiene la correlación de fuerzas agrupadas en los dos bloques, de izquierda y de derecha. Por lo tanto, estamos ante un escenario muy parecido en la práctica y, lo único que seguramente hará alcanzar un acuerdo, es que la idea de unas terceras elecciones resulta descabellada. Por consiguiente, hay que hacer una crítica a la clase política: ¿cuánto dinero se han gastado para que al final todo siga casi igual?, ¿qué les hacía pensar que en menos de un año iba a producirse una variación significativa en el espectro ideológico de la población?, ¿por qué no se apuesta por la celebración de elecciones a presidente del gobierno, en vez de proponer un montón de métodos caciques para que gobierne la lista más votada o que ésta obtenga una prima extra porque sí?

Con todo, primeramente deben observarse las distorsiones de turno producidas en estas elecciones por la regla D´Hondt, es decir, el sistema que se encarga de convertir los votos en escaños. Así pues, Vox ha pasado de los 24 diputados de abril hasta los 52. Ha sido una subida espectacular, el partido verde podría considerarse el ganador de las elecciones. Ahora bien, este aumento de 28 escaños se corresponde con una subida de un poco menos de un millón de votos. Este dato es interesante porque el PSOE ha perdido casi 800.000 apoyos y solo tiene 3 escaños menos que en abril, mientras que UP ha perdido un poco más de 600.000 votos y le ha costado 7 diputados. ¿Y al PP cuántos votos le han hecho falta para subir esos 22 diputados? “Solo” 646.216. Es injustificable cómo la regla D´Hondt premia los partidos que sobrepasan un determinado porcentaje de votos. ¿Qué porcentaje? Vox ha pasado del 10% de los sufragios al 15%, puede deducirse que ahí está la clave. Evidentemente, es la combinación de este sistema  con la circunscripción provincial lo que hace que muchos votos de partidos estatales se pierdan, a la vez que los partidos que concentran su electorado en unas pocas circunscripciones se vean beneficiados.

En lo relativo a los aspectos más relevantes de estas elecciones, uno de ellos es el hecho de que más de 3 millones y medio de personas han decidido votar a una opción claramente de extrema derecha. No tendría sentido pensar que toda esta masa social es nueva, dado que una parte de esta población antes se encontraba integrada en el Partido Popular, quien otrora, con sus 10 millones de votos, aglutinaba desde el centro-derecha hasta la derecha más extrema. Eso sí, ¿cómo se explica el casi millón de personas que no votó a Vox en abril y ahora sí? Una parte proviene, sin ninguna duda, de Ciudadanos, pero ¿y el resto? Es razonable pensar que los conflictos ocurridos en Cataluña, a consecuencia de la sentencia del procés, e incluso la reciente exhumación de Franco, hayan podido contribuir a movilizar o incluso a polarizar cierta parte de la sociedad. A esas circunstancias, hay que sumar el atractivo que está ejerciendo Vox sobre la gente joven que quizá haya votado por primera vez en estos comicios. En cualquier caso, Vox ha venido a ocupar un espacio que mayoritariamente ya existía en la sociedad española, y entiende que Vox le representa mejor.

El otro gran protagonista de la jornada electoral ha sido Ciudadanos, aunque en este caso para mal. La formación naranja ha perdido más de dos millones y medio de votos, rebajando sus escaños de 57 a los 10. ¿Cómo puede explicarse semejante fuga de sufragios en tan solo 7 meses? Ciudadanos ha llevado hasta las últimas consecuencias su indefinición. Inicialmente se postuló como un partido de “centro” (derecha), moderno y liberal, un espacio que en España no estaba suficientemente representado por el Partido Popular. Pero recientemente evolucionó hacia posturas más radicales y conservadoras. Ese cambio estaba motivado por su afán de abarcarlo todo, aunque paradójicamente se quedó sin abarcar casi nada. Esa indefinición terminó por dejarle sin un espacio que ocupar, porque el electorado más conservador probablemente prefirió al PP o VOX, y los más moderados debieron pensar que Ciudadanos se había escorado mucho a la derecha, quizá una parte de estos últimos se hayan abstenido en estas elecciones. Pese a ello, hay otros elementos que contribuyeron a su rápido desgaste como su negativa a considerar pactar con el PSOE.

Asimismo, habría que considerar que Podemos (o ahora UP) no ha dejado paulatinamente de perder votos, precisamente porque no deja de hacer algo parecido a lo de Ciudadanos. Ni siquiera su alianza con Izquierda Unida consiguió frenar esa tendencia. El recurso al partido catch-all o “atrapalotodo” es más habitual de lo recomendable, porque no siempre se rentabiliza igual que lo hacen el PSOE y el PP, los cuales poseen demasiado poder institucional y también han tejido ciertas redes clientelares que se mantienen a día de hoy. Es destacable que VOX rechazara esta táctica y sean los únicos que han mejorado. De hecho, este partido ha aumentado su poder institucional, puesto que, y esto es importante, al alcanzar los 50 diputados va a poder presentar recursos de inconstitucionalidad, algo que podría hacer con la Ley de Violencia de Género, ya que la ha criticado en numerosas ocasiones. Además, podrá tener su correspondiente cuota cuando se renueve el Tribunal Constitucional o el CGPJ.

En definitiva, en lo concerniente a la formación de gobierno, los cambios mencionados solo han afectado a las distintas formaciones, pero no a los dos bloques en liza. Dichos bloques se mantienen casi iguales. Así pues, el bloque de la izquierda (PSOE, UP y Más País) cuenta con 158 escaños, perdiendo 7; mientras que el de la derecha (PP, VOX y Cs) ganó unos 3, por lo que ahora tiene 150. Los cambios son mínimos, aunque en este caso la derecha no tiene ninguna posibilidad de alcanzar acuerdo alguno, por ejemplo, con ERC y Junts per Catalunya, mientras que el bloque de la izquierda podría llegar a conseguir algo. La mayoría absoluta que se exige en una primera votación parece inalcanzable para ambos bloques, pero la mayoría simple (más votos a favor que en contra) que se pide 48 horas después, sí puede lograrse porque aquí las abstenciones tienen un valor muy alto. En cualquier caso, estas posibilidades también estaban sobre la mesa tras las elecciones de abril, pero los partidos hicieron prevalecer sus intereses sobre los generales. Algo que a estas alturas no debería sorprendernos.

 

El Consejo General del Poder Judicial y las maquinaciones políticas


«Y además controlando la sala segunda desde detrás y presidiendo la sala 61. (…) Nos jugábamos las renovaciones futuras de 2/3 del TS y centenares de nombramientos en el poder judicial, vitales para el PP y para el futuro de España»



El mensaje de Whatsapp, escrito por el portavoz del PP en el Senado en relación con el nombramiento fallido del presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), sirve para ilustrar cómo en el sistema político español es absolutamente imposible hablar de un poder judicial independiente. En este sentido, dicho mensaje nos invita a analizar este hecho desde dos puntos de vista; el primero examinando algunos aspectos del texto, pero el segundo debe incluir algo más importante como son los elementos que impiden la independencia del poder judicial. Por consiguiente, hay que intentar ir más allá de la anécdota, más allá de los enfrentamientos partidistas derivados del mensaje, y acudir a la raíz del problema para averiguar porqué España envió al ostracismo a Montesquieu y a Locke.

Primeramente, es necesario mencionar que el entrecomillado que aparece al principio del artículo no es todo el mensaje, sino una de las partes más interesantes. En relación con esto, ¿por qué es importante controlar esa sala segunda?, ¿y a qué sala segunda se refiere? Se está hablando de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, que es precisamente la Sala de lo Penal. La importancia de controlar dicha sala radica en que, dada la situación de aforados de muchos políticos, es ahí donde éstos si se diese el caso deberían ser juzgados. Además, para comprender todo el entramado hay que añadir que el presidente del Tribunal Supremo es el mismo que el del Consejo General del Poder Judicial, quien además es determinante para confeccionar las distintas salas del Tribunal Supremo. Por tanto, el interés del PP en elegir el presidente del CJPG no era algo baladí.

Ahora bien, respecto a lo anterior cabe mencionar que la Ley Orgánica del Poder Judicial establece en su artículo 586 que la elección del presidente del CJPG será llevada a cabo en la sesión constitutiva de este órgano, siendo necesario que su candidatura obtenga tres quintos de los miembros del pleno o, al menos, ganar una segunda votación entre los dos candidatos más votados. Esto es destacable porque, en realidad, PP y PSOE ya habían pactado un presidente, aunque finalmente éste renunciara. Esto significa que estas dos formaciones políticas buscaban delegar su voto en los miembros del CGPJ, que ellos mismos habían elegido, para que éstos después designaran al presidente que previamente se había pactado. ¿Cómo justificar esta intromisión?

En todo caso, la crítica no debe dirigirse solo hacia Partido Popular y Partido Socialista, puesto que ellos son solo dos actores de un sistema corrupto desde sus cimientos. Evidentemente, son dos actores importantes y, en cierta medida, también han colaborado en el diseño del sistema, pero no son el sistema, solo participan en él. En este sentido, existen unas reglas de juego, en cualquier caso muy alejadas de lo que sería una democracia, que acepta cualquier partido político que decide participar. ¿Qué más sorpresas depara este sistema? El Tribunal Supremo, el órgano jurisdiccional superior del país, es elegido por los miembros del CGPJ. ¿Y el Tribunal Constitucional? El guardián de la Constitución y quien debe resolver tanto recursos de inconstitucionalidad, como conflictos de competencias entre Gobierno y Comunidades Autónomas es elegido por otro sistema de cuotas entre Gobierno, Congreso, Senado y CGPJ.

Sin embargo, y pese a lo anterior, los despropósitos no se detienen ahí. Los doce consejeros de cuentas que componen el pleno del Tribunal de Cuentas son elegidos a medias entre el Congreso y el Senado. El Fiscal General del Estado es conocido que se elige por el Gobierno. Hasta el Defensor del Pueblo, que goza de cierto prestigio en nuestro país, es también designado por una comisión mixta Congreso-Senado, y además luego debe rendir cuentas a las Cortes Generales, ¡nada que ver con aquella valiente y potente figura de la República Romana que era el Tribuno de la Plebe! Dicho esto, aunque fuera posible continuar, debe mencionarse que existe un evidente problema de concentración de poder: los tentáculos del Gobierno y de los partidos con mayor representación en las Cortes van a ser enormes. Algo más grave en nuestro sistema ya que el Gobierno (poder ejecutivo) cohabita con el poder legislativo.

Consecuentemente, hay que abordar una cuestión: ¿el hecho de que los diputados y la mayoría de los senadores[1] sean votados por la ciudadanía es suficiente razón para que éstos elijan a los miembros de tantos órganos? El hecho de que un reducido grupo de personas influyan decididamente en la conformación de tantos órganos, los cuales además teóricamente deberían supervisar la acción de los primeros, solo puede conducir al despotismo, y éste tenderá a comportarse de la misma manera, aunque tenga un origen popular. Las monarquías absolutas del siglo XVIII eran déspotas porque hacían las leyes, las aplicaban y, si era necesario, también las interpretaban sin que ninguna otra institución se les pudiera oponer. De este modo, el mayor problema de esas monarquías no era que no fueran electivas, sino todo el poder que concentraban, tal y como sucede con los gobiernos actuales.




[1] Una parte de los senadores son elegidos por las asambleas legislativas de las Comunidades Autónomas.



El mito de la vieja y la nueva política


Normalmente se dice que lo nuevo es mejor, así que desde Podemos y Ciudadanos lo tuvieron claro: ellos tenían que ser la «nueva política». En consecuencia, actualmente se tiende a hablar de nueva y vieja política, dos categorías lanzadas por estas dos formaciones con la intención fundamental de desmarcarse de los otros dos grandes partidos de ámbito estatal. El relato consiste básicamente en presentar esa «nueva política» como renovada y purificada respecto de la vieja. De esta manera, se concluye que la «vieja política» es peor que la nueva. Ahora bien, antes de entrar en un debate metafísico acerca de los rasgos de una y otra cabría plantearse previamente otra cuestión: ¿realmente existe una política que puede considerarse nueva en relación con otra a la que se le atribuye la condición de vieja?

Primeramente, es cierto que la política ha variado desde los últimos 20 o 10 años, dado que las preocupaciones de la gente han cambiado, como también el formato por el que los políticos hacen llegar su mensaje. El auge de las tertulias y shows protagonizados por políticos, sumado a la tremenda repercusión de las redes sociales, ha obligado a que el discurso se adapte a estos nuevos canales. Pese a ello, esto sencillamente significa que la política, igual que otras muchas cosas, puede cambiar. Ello no implica que exista forzosamente una división entre vieja y nueva política, ya que la mayoría de partidos han sabido, mejor o peor, adaptarse a estos cambios.

Por consiguiente, una vez señalado este aspecto, también habría que destacar que evidentemente Podemos y Ciudadanos tienen unos rasgos propios que pueden diferenciarlos de PSOE y PP. Pero son eso, solamente unos rasgos debido a que los primeros se han desarrollado en un contexto determinado y los segundos en otro. Todos somos hijos de nuestro tiempo y, en este sentido, los partidos no son la excepción. Con todo, la política, el tipo de política que se practica en España, precedía a estos partidos, como en su momento precedió a otros tantos. Este aspecto quiere decir que una formación política puede nacer en un momento concreto y bajo unas aspiraciones muy particulares, pero debe integrarse en un marco político al cual va a tener que terminar adaptándose. Sostener que Podemos y Ciudadanos, en vez de adaptarse a ese marco, han conseguido adaptarlo a ellos no deja de resultar un poco atrevido.

Sin embargo, esa afirmación no excluye la posibilidad de que los actores políticos relevantes influyan en sus respectivos sistemas. No obstante, se queda en eso, en unas influencias determinadas. El sistema, y ello lo explicó muy bien Herbert Marcuse en su Hombre unidimensional, tiene una capacidad de asimilación extraordinariamente fuerte, capaz de integrar en su seno a movimientos inicialmente antisistema. En consecuencia, cualquiera que pudiera ser la aspiración inicial de Podemos, si es que alguna vez fue antisistema, quedaría olvidada en el mismo momento en el que decide formar parte del sistema. Por otro lado, Ciudadanos sin haber tenido ese inconveniente, también ha tenido que ceder en parte de su ideario.

En realidad, la política sigue, en su esencia, siendo la misma de antes de la irrupción de Podemos y Ciudadanos. Igual que entonces los partidos políticos configuran unas listas, siendo luego éstas las que concurren a elecciones. De este modo, dará igual si esas listas son abiertas o cerradas, es fácil pensar que los que ejercen el poder sean el reducido grupo que nombró a las personas que formaron parte de esas listas. Asimismo, pese a que exista una mayor sensibilidad social, sigue habiendo corrupción porque el poder está poco repartido y las Cortes son las que terminan eligiendo a órganos tan importantes como el Tribunal Constitucional o el Tribunal de Cuentas. Además, igualmente el Parlamento sigue siendo ese teatro en donde se representan debates y discusiones intrascendentes sobre acuerdos previamente tomados en base a otras negociaciones que no suelen ver la luz pública. Y, por último, ¿acaso la mentira no sigue siendo protagonista como en toda política practicada por las élites? Por tanto, ¿qué es eso a lo que llaman «nueva política»?


El PSOE y sus cosas


Los dirigentes del PSOE, sedicentes socialistas dicho sea de paso, siempre han defendido que este partido es fundamental en la historia de España. En realidad, esta afirmación puede ser cierta, aunque habría que observar de qué manera han repercutido sus actuaciones. En relación con ello, conviene repasar algunos aspectos en la trayectoria de esta formación, cuyos orígenes se remontan a 1879. En aquella época hacía pocos años que la Restauración canovista había reemplazado a la Primera República. Este régimen pivotaba principalmente sobre dos partidos –el conservador del propio Cánovas y el liberal de Sagasta– que se alternaban en el poder. Por entonces, el PSOE pugnaba sin reparos por entrar en un sistema que era abiertamente fraudulento. Un sistema que además de no tener ningún problema en colocar literalmente sus urnas en los tejados, también ostenta el dudoso honor de haber popularizado el llamado «pucherazo». 

Pese a esos inconvenientes, el nuevo partido decidió apostar por la vía parlamentaria, y en 1910 su fundador Pablo Iglesias fue elegido diputado. El PSOE había conseguido entrar formalmente en ese régimen, por lo que ya podía acometer la conocida estrategia socialdemócrata de cambiar el sistema desde dentro. Tanto es así, que el PSOE tuvo un papel destacado cuando ese sistema corrupto cambió a otro, todavía peor, como fue la Dictadura de Primo de Rivera. En 1923, con el régimen canovista en plena decadencia, Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado que contó con la aprobación del entonces monarca Alfonso XIII de Borbón. ¿Y el PSOE? Mostró una actitud colaboracionista con el régimen, siendo de hecho el único partido que no fue ilegalizado. Esa actitud colaboracionista aumentó en cuanto el PSOE, mediante Largo Caballero, consiguió un puesto en el Consejo de Estado. 

Con todo, la dictadura cayó, y poco tiempo después se proclamó la Segunda República. Durante la mayor parte de la misma, el PSOE demostró ser un partido moderado. No obstante, y en cualquier caso, la valoración de esa actitud responderá a criterios subjetivos. Una vez instaurada la dictadura de Franco, se supo poco del PSOE, siendo el PCE el principal partido clandestino en la oposición. Generalmente se suele decir que el PSOE estuvo 40 años de “vacaciones”. En cambio, una vez terminó la dictadura, o se avistaba próximo su fin, el PSOE volvió, junto a otros tantos partidos, para negociar con los antiguos cargos del régimen franquista su posición en el nuevo régimen. En este sentido, el partido socialista tuvo algo de ventaja frente al resto, ya que recibió una suculenta cifra de dinero procedente de Alemania, a través del conocido «Caso Flick». 

En consecuencia, en 1982 terminó consiguiendo una amplísima mayoría. Pero también se debió a otros factores entre los que se encuentra el famoso «OTAN de entrada NO». En 1981 la UCD firmó la adhesión de España a la organización militar, lo que desató la una ferviente oposición por parte del PSOE. No obstante, el partido de la rosa cambió radicalmente de postura en 3 años, mostrándose partidario de continuar en la OTAN. De modo que, cuando el PSOE ostentaba el ejecutivo convocó una consulta, en la que obviamente pudo utilizar la maquinaria del Estado, para preguntar si se deseaba permanecer en esa organización. Finalmente, se terminó imponiendo el nuevo criterio del PSOE. Al respecto, es conocido que quien convoca un referéndum muy pocas veces lo va a perder. Asimismo, después de la OTAN, vendrían los GAL, el caso Filesa, etc. 

Actualmente el PSOE mantiene esa tradición, tal y como sucede en Andalucía con los ERE. Pero, uno de sus actos más polémicos que ha hecho nunca es haber apoyado, mediante su abstención, la investidura de un presidente de gobierno del Partido Popular. Este hecho es grave principalmente por dos razones: la primera es que el PP mantiene un idilio constante con la corrupción, pero la segunda es que el PSOE ha faltado –nuevamente– a su palabra, ya que sostuvo con inusitada vehemencia, tanto en campaña como después, que votarían no al partido conservador. Por esa razón carece de importancia que luego celebrara un comité federal, dado que el compromiso lo había adquirido con sus votantes. Con todo, el PSOE antepuso, ya no solo sus previsiones electorales, sino la estabilidad y prestigio del régimen a su palabra dada. Un régimen en el que prácticamente todas las formaciones políticas cuentan con casos de corrupción. Ahora bien, en realidad, los partidos son organizaciones pragmáticas, a menudo sin mayor aspiración que el poder en sí mismo. En virtud de ello, este artículo ha relatado ciertos hechos del PSOE, aunque podría haber estudiado los vaivenes de cualquier otra formación política.