Es un
ensayo que defiende sencillamente que la representación política no puede
ser democrática. Quizá sea una apuesta arriesgada, pero ha intentado
desarrollarse con sentido. De hecho, es una adaptación de mi tesis
doctoral.
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Para demostrar esa hipótesis se parte de la sugerente
idea de que la representación política no proviene de ningún legado
grecorromano, sino que tiene su origen en los bosques de Germania. De
esta manera, tendrá lugar una cronología que
permitirá observar cómo esta fórmula política ha ido evolucionando hasta que terminó confundiéndose con la democracia.
Asimismo,
el ensayo articula una potente crítica a la representación, apoyándose
en el pensamiento de autores clásicos como Rousseau, pero sin descartar
otras corrientes de pensamiento. Además, tampoco elude responder a una
cuestión clave: si la representación política no es democrática, ¿por
qué actualmente goza de tan buena salud?
Por último, se hará
también una breve defensa de la democracia ateniense y la República
romana, para terminar ofreciendo una propuesta propia inspirada en el
sistema político ateniense. Dicha propuesta aspira a superar los
escollos que hoy pueden haber al respecto, con la finalidad de ofrecer
una alternativa realmente democrática para la actualidad.